Quiero empezar el año con una reflexión sobre los conflictos, esa palabra tan temida. El año pasado, hasta 4 clientes me pidieron que la sacara del título de un curso, lo que significa que es un hecho general y nada anecdótico.
Trabajando con empresas de diversos sectores, me encuentro a menudo con la sensación de que, por un lado hay que fomentar la comunicación, y que por otro, “este tema no lo toques”. Me recuerda aquel cuento del traje nuevo del emperador
¿Por qué nos dan tanto miedo?
Los conflictos son inherentes a la condición humana, sin tener contacto con otros, podemos tener conflictos con nosotros mismos. No son agradables, estar en conflicto puede ser tenso y doloroso. Pero por mucho que los negamos, forman parte de nuestra vida, de nuestras decisiones y de nuestras relaciones. Evidentemente vivimos mejor sin conflictos, pero si están y hacemos como si no estuvieran, nos estamos engañando y nos están perjudicando igualmente.
Si no hablamos de conflictos, podemos perder a gente de gran valor.
Por no afrontar los conflictos vivimos en un mundo de fantasía.
Para evitar conversaciones incómodas generamos situaciones insostenibles.
Y para simular que somos felices, nos volvemos cada vez más infelices.
Así que os propongo que hablemos, que los afrontemos, que tomemos decisiones y que teniendo en cuenta el equilibrio entre lo que queremos conseguir y lo que queremos conservar, sepamos seleccionar bien nuestro camino y nuestras compañías. Porque en la gestión de los conflictos interpersonales, tan importante es saber mantener relaciones enriquecedoras, como saber soltar relaciones perturbadoras. Por lo tanto, decidir a quién queremos mantener en nuestra vida y de quién queremos prescindir, nos dará la paz y la serenidad necesarias para vivir y avanzar.
Yo ya he empezado con esa toma de conciencia. ¿Y tú? ¿Te animas?


