Qué difícil és comunicar aquello que los demás no querrían oír, con la suficiente sensibilidad como para que puedan entender que no es ninguna agresión hacia ellos, que estamos hablando de nosotros, y que además nos importan y los apreciamos.
En algunas charlas sobre asertividad, he llegado a oír frases del tipo: haré esto porque es lo que quiero, y a quién no le guste que le den.
¿Realmente quiero que «le den» a una persona a la que quiero y valoro?
¿No será que estamos confundiendo asertividad con agresividad? ¿Que estamos confundiendo autoestima con egoismo?
La comunicación asertiva es aquella que es capaz de hacer valer nuestras necesidades, opiniones, intereses y emociones con el máximo respeto hacia las necesidades, opiniones, intereses y emociones ajenas. Y esto es básico cuando los demás son personas a las que queremos y con las que deseamos construir algún tipo de vínculo.
Evidentemente no estamos obligados a dar explicaciones a nadie sobre nada, pero para tejer red es muy útil reconocer a los demás y ser sensibles a sus necesidades, porque aquello que necesitamos, pensamos o sentimos no se ve, solo se ve lo que decimos y lo que hacemos. Si no me explico, a los demás solo les queda la opción de interpretar o especular.
Por lo tanto, antes de expresarnos, es necesario validar a nuestro interlocutor de manera empática y sensible. Aquí unos ejemplos:
- Muchas gracias por invitarme a venir con vosotros estas fiestas, lo valoro porque sé que quieres lo mejor para mi y te preocupa mi bienestar. Necesito estar sola para conectar con mi dolor. Lo más importante es que se que estás ahí si lo necesito, y esto ya me reconforta.
- Muchas gracias por invitarme a venir con vosotros estas fiestas, lo valoro porque me estás haciendo partícipe de un espacio que para ti es muy importante. Yo no conecto con estas tradiciones, generalmente me siento incómoda con las convenciones sociales, y prefiero buscar otra manera de vivirlas. ¿Buscamos una fecha después de fiestas para vernos?
Hace muchos años, una persona me decía que le gustava ser el borde de la empresa, porque así no le molestaba nadie. Pero después se sentía mal porque no lo invitaban a comidas, cenas o salidas fuera del trabajo. Y es que para tener relaciones con vínculos saludables y no tóxicos, es importantísimo ponernos por delante, escucharnos y saber poner límites, al mismo tiempo que cuidamos nuestro entorno.


